El Pueblo argentino logró una primera victoria haciendo caer el capítulo de extranjerización de la tierra.
La enorme resistencia y repudio social hizo caer el proyecto de extranjerización de la tierra, que ponía el cartel de venta al país, exponiéndonos a la desintegración territorial y entrega de nuestros recursos estratégicos y vitales a los de afuera.
De haberse consumado, la modificación de la Ley de Tierras implicaba una entrega inédita de soberanía.
El gobierno no tenía los votos para aprobarla y retiró el capítulo completo de tierras, pero mantuvo otros capítulos del proyecto general, referidos a la ley de manejo del fuego, a las normas de desalojo y a la fuerte limitación para que el estado pueda utilizar la figura de utilidad pública para recuperar recursos y tierras, mediante expropiación.
Bajo el eufemismo de “Inviolabilidad de la propiedad privada” el gobierno libertario pretendía entregar el territorio argentino, y sus recursos más valiosos, a las corporaciones y estados extranjeros más poderosos. Tuvieron que retroceder, pero debemos mantenernos muy alertas. Es la sexta vez que el gobierno de la Libertad Avanza intenta modificar la Ley de Tierras y ya anunciaron que van a volver insistir.
¿Qué establece la actual Ley de tierras?
En marzo pasado, ingresó al Congreso de la Nación, un proyecto del Ejecutivo nacional de reforma profunda de la actual Ley de tierras (26.737), que establece que no puede haber más del 15% del territorio en manos extranjeras, a nivel nacional, provincial o departamental.
No prohíbe la inversión extranjera, sino que le pone un tope y controles. No más de 1.000 hectáreas en la zona núcleo (tierras fértiles y productivas), límites y prohibiciones en las zonas de frontera, límite del 30% para una misma nacionalidad, restricciones estrictas y prohibición sobre tierras sobre cursos de agua, tierras ribereñas, o que contengan acuíferos y cuencas hídricas.
Lo que querían modificar y el pueblo argentino volteó
Originariamente el proyecto eliminaba cualquier tope para la compra de tierra por parte de extranjeros. La intensidad con la que se despertó en el pueblo argentino el sentimiento de defensa nacional luego del partido entre Argentina e Inglaterra por las semifinales del Mundial, con su ya mítica bandera al final, empujó el rechazo social que ya se manifestaba con fuerza. El gobierno redactó una nueva versión, que en realidad era un maquillaje para disimular la entrega que poco y nada cambiaba.
En la nueva redacción del proyecto, se aumentaba el límite de extranjerización al 25% del territorio nacional, sin establecer ni especificar un límite provincial ni departamental, sólo nacional. Esto implicaba que, aun sin superar el tope de hectáreas, una corporación minera, forestal, una empresa o estado extranjero, podía convertirse en dueño de los territorios suficientes para controlar en un departamento o provincia cordillerana o del litoral, las reservas de litio, cobre, gas, minerales críticos, y agua.
Además, se eliminaban los controles y prohibiciones en territorios con fuentes de agua y las restricciones en territorios de frontera, eliminando la regulaciones y controles en las zonas de seguridad a lo largo de la frontera tanto terrestre como marítima, un riesgo a la soberanía e integridad territorial, que también debilitaba las defensas contra el crimen organizado.
Una de los cambios más graves que presentaba en el proyecto era la posibilidad de que estados extranjeros puedan comprar partes de nuestro territorio, con “supuestos controles”.

Lo que se sostuvo
Al cierre de esta edición, mientras el pueblo argentino se movilizaba masivamente en todo el país, el Senado debatía los puntos que se sostuvieron del proyecto.
La totalidad del proyecto está en perfecta sintonía con el plan libertario: generar enclaves a largo plazo o permanentes que secuestren los recursos de los argentinos, perdiendo acceso a nuestra propia riqueza y biodiversidad. Por eso, la norma se complementa flexibilizando las condiciones para desalojos, incorporando la figura del desalojo exprés en 10 días y sin proceso judicial. Respecto de la Ley de Manejo del Fuego, se pretende eliminar las prohibiciones de cambio del uso del suelo en territorios incendiados en zonas de humedales y otras áreas protegidas.
Por último, se pretende limitar las herramientas del Estado para resguardar el interés público, mediante una modificación de la ley de expropiaciones, que debilita el peso de la figura de utilidad pública haciendo más difícil y más caro para el Estado recuperar recursos y tierras mediante expropiación.
Equiparar la tierra argentina y los recursos en ella, a cualquier otro bien del mercado habla del proyecto de país que tienen. Por el contrario, sostenemos que la tierra argentina no es una mercancía, ni nuestros recursos estratégicos y vitales son un activo financiero.
Ya hemos advertido que el gobierno va a volver a insistir con los cambios más medulares respecto de la extranjerización de la tierra. Un andamiaje legal pensado para proteger a los de afuera por sobre los intereses del pueblo argentino, obturando cualquier posibilidad de desarrollo soberano.

La extranjerización actual y la disputa por un futuro soberano
El 5% del territorio argentino está en manos extranjeras, lo que equivale a más de trece millones de hectáreas Si tomamos el mapa bicontinental argentino con las Islas Malvinas y áreas circundantes en manos inglesas, ese porcentaje sube al 30%.
Aún con los límites ya establecidos, más de 30 departamentos superan el límite del 15%, imaginemos lo que pasaría si se levantan las restricciones.
La modificación de la Ley de Tierras no es solamente una discusión sobre la concentración de la tierra. Es una disputa por quién controlará los recursos estratégicos y vitales de nuestro país: el agua, el petróleo, el gas, los minerales, los humedales y los recursos forestales.
Pero también es una batalla por la defensa de la soberanía nacional y la integridad territorial frente al avance de intereses que promueven la extranjerización y la fragmentación del territorio argentino. Lo que está en juego no es sólo la tierra: es el control de nuestras riquezas, el futuro de las próximas generaciones y el derecho del pueblo argentino a decidir sobre su propio destino. El mapa de extranjerización del territorio argentino, del Observatorio de Tierras de la Facultad de Economía de la UBA, muestra que la mayor concentración de propiedad extranjera se sitúa justamente donde están estos recursos: en torno al acuífero Guaraní en el Litoral, y las tierras alrededor del Paraná, donde la extranjerización ya es alarmante, también en la cordillera patagónica y en el Norte y Cuyo, en zonas mineras, donde hay departamentos que rozan el 60% de extranjerización.

No vamos a dejar que rematen el país
El ejercicio de regionalizar la distribución de la tierra argentina en manos extranjeras marca un patrón, son esas las tierras que estarán a la venta al capital privado internacional, si lograran en un fututo avanzar con el proyecto.
Quien compre esas tierras, controlará nuestros recursos vitales y estratégicos, que quedarán presos de la disputa geopolítica global, y no puestos en función de un proyecto de soberanía, desarrollo y justicia social.
La disputa por el control de los recursos estratégicos y la integridad territorial, se da en un momento de suma debilidad para nuestro país, condicionado como nunca antes en la historia por el endeudamiento externo, y donde el gobierno argentino está entera y absolutamente abocado a un construir un país de enclave a pedir de las corporaciones.
La Ley de Tierras hoy vigente es uno de los últimos límites para montarlo, pero subestiman algo fundamental: si hay algo que caracteriza a nuestro pueblo es su amor propio. Ese que nos vale el mote de creídos afuera. Sí, mucho, mucho amor propio, de brazos abiertos a quien quiera venir, vivir y amar esta tierra, pero no para quien pretenda robarla, usarla y profanarla.
Como dijeron en una carta pública los héroes de la Confederación de Combatientes de Malvinas: “La tierra Argentina no constituye solamente una riqueza económica: es el altar donde descansan nuestros muertos, el horizonte de nuestros hijos y el espacio sagrado donde una Nación realiza su destino. Los combatientes de Malvinas conocemos el verdadero significado de la palabra territorio. Allí comprendimos que una Nación no se mide por la extensión de sus fronteras, sino por la decisión de sus Hijos de defenderlas”.
El pueblo argentino no va a vivir de prestado en su propia tierra: demostró una vez más que cuando se moviliza y organiza puede frenar las políticas de entrega.



