El 22 de agosto es una fecha que permanece manchada de sangre en la historia de nuestro país. Este año se cumplen 54 años de la “Masacre de Trelew”, uno de los hechos más brutales de la represión política que precedió al terrorismo de Estado instaurado por la última dictadura cívico-militar.
En la madrugada del 22 de agosto de 1972, 19 presos políticos fueron fusilados en la Base Aeronaval Almirante Zar. Dieciséis compañeros fueron asesinados y tres sobrevivieron a pesar de las gravísimas heridas recibidas. Pero sus nombres no quedaron asociados únicamente a una tragedia: quedaron grabados en la historia como símbolo de coraje, dignidad y resistencia frente a la barbarie represiva.
Una semana antes, aquellos militantes populares habían protagonizado la fuga del penal de Rawson. Sin embargo, un grupo que no logró concretar su salida del país quedó varado en el aeropuerto de Trelew y decidió entregarse públicamente, ante periodistas y autoridades, confiando en las garantías de seguridad que se les habían ofrecido.
Ese gesto también fue un acto de valentía. Sabiendo que estaban enfrentados a un régimen que perseguía y encarcelaba a quienes luchaban por sus ideales, eligieron no esconderse. Se entregaron públicamente, dieron la cara y asumieron con dignidad las consecuencias de su militancia.
La dictadura de entonces intentó imponer una versión oficial: habló de un supuesto “intento de fuga” y pretendió justificar los fusilamientos como consecuencia de un enfrentamiento. Pero las contradicciones, los testimonios de los sobrevivientes y las evidencias posteriores demostraron que se trató de una ejecución planificada.
Frente a las armas, los compañeros opusieron su dignidad. Frente al terror, opusieron sus convicciones. Y frente a la muerte, dejaron un ejemplo de resistencia que el tiempo no pudo borrar.
Los tres sobrevivientes –Alberto Miguel Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar- cargaron durante años con las heridas físicas y con la enorme responsabilidad de contar lo ocurrido. Su testimonio fue fundamental para derribar la mentira oficial y para que la sociedad conociera la verdad sobre aquella madrugada. Sobrevivir también fue una forma de resistencia: vivir para contar, denunciar y mantener encendida la memoria de quienes habían sido asesinados.
En aquellos años, nuestro compañero Agustín Tosco también se encontraba detenido. No participó de la fuga. Frente a quienes le propusieron que se sume a la fuga, sostuvo que su libertad llegaría de la mano de la lucha del pueblo y de su gremio. Y así fue: un mes después, la movilización popular y la lucha obrera consiguieron su liberación.
La Masacre de Trelew no fue un hecho aislado. Fue un antecedente directo de los métodos represivos que, pocos años después, serían aplicados de manera sistemática por la última dictadura cívico-militar: persecución política, cárcel, tortura, desaparición y asesinato de militantes populares.
Décadas después, la Justicia Federal reconoció los fusilamientos de Trelew como delitos de lesa humanidad, confirmando aquello que la memoria colectiva nunca permitió olvidar: fueron crímenes cometidos desde el aparato del Estado contra militantes políticos que luchaban por una sociedad más justa.
Por eso, recordar Trelew no es solamente mirar hacia el pasado. Es reivindicar a quienes tuvieron el coraje de luchar y la dignidad de no renunciar a sus ideales aun frente a la muerte. Es reconocer en aquellos 16 compañeros asesinados y en los tres sobrevivientes una parte fundamental de la historia de la resistencia popular argentina.
A 54 años de aquella madrugada de muerte, sus nombres siguen vivos porque hay una memoria colectiva que se niega a olvidar y un pueblo que se niega a aceptar que la sangre derramada haya sido en vano.
Porque la memoria no se negocia, la verdad no se borra y la justicia no prescribe.
Desde el movimiento obrero organizado asumimos el compromiso de mantener viva esta historia y de transmitirla a las nuevas generaciones. Porque allí donde intentaron imponer el silencio, nosotros seguiremos levantando las voces de quienes lucharon.
A 54 años de la Masacre de Trelew, honramos a los 16 compañeros asesinados y a los tres sobrevivientes que, con su valentía, su resistencia y su testimonio, mantuvieron encendida la verdad.
No fueron vencidos por el terror. Sus ideales sobrevivieron a las balas.
Nunca más.
Memoria, Verdad y Justicia.




