NUESTRO RECONOCIMIENTO A QUIENES DEFENDIERON CON SU VIDA UN GOBIERNO POPULAR, LA JUSTICIA SOCIAL Y LA SOBERANÍA

En los tiempos que vivimos, donde un gobierno cipayo detesta lo popular, la justicia social, y atenta contra la soberanía nacional, recordamos a valientes hombres que el 9 de junio de 1956 se alzaron contra la dictadura que había derrocado a Juan D. Perón. Lucharon por el retorno de Perón, pero también contra la persecución del peronismo, la restitución de la Constitución de 1949 derogada por el régimen y la liberación de todos los presos políticos y sindicales.

El general Juan José Valle comandó el Movimiento de Recuperación Nacional, que terminó en lo que Rodolfo Walsh denominó “operación masacre”.

Hasta la llegada de Juan Domingo Perón a la presidencia, la política era cosa de los hombres del “establishment”. Con el Movimiento Nacional Justicialista al comando del poder político, los trabajadores y trabajadoras sumaron y consolidaron derechos e ingresaron al plano político ocupando los espacios de participación tanto ejecutiva como legislativa.

Tras el golpe de Estado de septiembre de 1955, asumió como presidente de facto Lonardi que, pese a su antiperonismo, intentó negociar con los sindicatos mientras distintos mandos de las Fuerzas Armadas le planteaban la intervención de la CGT y la disolución inmediata del Partido Peronista. Por desacuerdos fue desplazado y asumió la presidencia el general Aramburu, referente del ala más liberal y antiperonista. El almirante Rojas conservó la vicepresidencia de facto.

El peronismo fue proscrito, perseguido, silenciado, sus sindicatos descabezados, sus dirigentes sindicales y políticos encarcelados o en el exilio y la CGT y sus regionales intervenidas en todo el país.

El Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba también fue intervenido y Agustín Tosco (entonces Secretario Gremial de FATLyF) y otros compañeros fueron inhabilitados para ejercer cargos gremiales.

Se había puesto en marcha un proceso de desperonización que incluyó la eliminación de la legislación social. Dicho de otro, se buscó extirpar al peronismo de la conciencia popular y la respuesta fue la resistencia.

Las patronales aprovecharon este nuevo contexto para incumplir los convenios colectivos de trabajo y recortar conquistas laborales. En las fábricas aparecieron las listas negras que dejaron una secuela sin precedentes de despidos teñidos de persecución ideológica. Fueron malos tiempos para los trabajadores peronistas.

La Resistencia Peronista

En el interior de esas fábricas comenzó a gestarse la resistencia. Con ingenio y audacia, llevaron adelante sabotajes, paros, trabajo a tristeza. Paralelamente, militantes y ex dirigentes peronistas formaron grupos de choque, los comandos de la resistencia, que desplegaron acciones relámpagos y detonaciones de artefactos conocidos como «caños».

A mediados de 1956 la resistencia se había tornado peligrosa para el régimen; la represión y el encarcelamiento de miles de activistas políticos y gremiales, lejos de atemorizar, había dado un singular empuje a la lucha. La dictadura, advirtiendo esta creciente oposición, decidió adoptar medidas “ejemplificadoras”, algunas de las cuales respondían al requerimiento de mayor dureza por parte de la prensa y de la Junta Asesora de la dictadura que estaba integrada también por dirigentes políticos afines.

Pero algo más contundente se estaba orquestando desde los cuarteles. La inteligencia militar había informado a Aramburu que un alzamiento se planificaba, no obstante prefirió esperar para luego descargar el escarmiento, optando por el terrorismo de Estado para aplastar el movimiento popular.

La rebelión del Movimiento de Recuperación Nacional

Una década después del inicio del primer gobierno peronista, el 9 de junio de 1956 se produjo el levantamiento encabezado por el general Juan José Valle que intentó tomar la Escuela de Suboficiales de Campo de Mayo, la Escuela de Mecánica del Ejército y el Regimiento 7 de La Plata. Entretanto, comandos civiles peronistas emprendieron acciones de apoyo en Avellaneda y La Pampa. Exigían el cese inmediato de la persecución al peronismo, la reimplantación de la Constitución de 1949 anulada por la dictadura y la liberación de todos los presos políticos y gremiales. De esta forma se procuraba crear las condiciones para el retorno de Perón.

Los fusilamientos

Entre los días 10 y 12 de junio, fueron ejecutadas más de treinta personas incluyendo a los principales jefes del movimiento.

Los civiles detenidos en una comisaría, luego de ser torturados, fueron llevados a un basural de la localidad de José León Suárez. Advirtiendo que iban a ser asesinados comenzaron a correr, desatándose una balacera. Algunos lograron huir, cinco cayeron muertos, dos quedaron heridos pero simularon estar muertos.

Los fusilamientos de oficiales y suboficiales se llevaron a cabo en la Regional Lanús de la Policía, en el Regimiento 7 de La Plata, Campo de Mayo, la Escuela de Mecánica del Ejército y en la Penitenciaría Nacional de Av. Las Heras.

Valle, al enterarse de la masacre, se entregó para detener las ejecuciones. Aramburu no tendrá piedad pese a los pedidos para que le perdonaran la vida. El 12 de junio, el general Valle fue acribillado en el patio de la Penitenciaría Nacional.