El pasado 30 de noviembre se llevó a cabo un nuevo Encuentro Provincial de Derechos Humanos, en el Pabellón Venezuela en Ciudad Universitaria. El mismo dio comienzo con la lectura de un documento realizado por los organismos de Derechos Humanos de Córdoba, que leyó Carolina Mimiague, quien es Secretaria de Actas de Familiares de Detenidos y Desaparecidos Políticos de Córdoba, el cual compartimos a continuación.
Asistieron al encuentro alrededor de trescientos compañeros y compañeras militantes de Derechos Humanos. El encuentro se realizó en un marco de compañerismo y fraternidad, con un alto nivel de compromiso político y social por parte de los asistentes, se trabajó en distintas comisiones en donde se produjeron intercambio de opiniones y pareceres sobre la situación por la que estamos atravesando los argentinos.
En representación de nuestro sindicato estuvieron presentes la compañera Roxana Maldonado y el Compañero Alfredo Seydell, Secretaria de Prensa y Secretario de Derechos Humanos respectivamente.
Al finalizar el encuentro, a solicitud del Compañero Seydell se realizó un emotivo minuto de aplauso para recordar a nuestro compañero Tomas “Titi” Di Toffino, dado que ese mismo día se cumplían 48 años de su secuestro y desaparición en manos de las patotas represivas.
ENCUENTRO PROVINCIAL DE LA MESA DE TRABAJO POR LOS DERECHOS
HUMANOS DE CÓRDOBA
Compañeros y compañeras, nos encontramos nuevamente como desde el 2009 en el Encuentro Provincial de la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos de Córdoba, este espacio desde el cual seguimos ejercitando la memoria y construyendo comunidad en nuestra provincia.
En este contexto, renovamos nuestro compromiso con la defensa de la identidad nacional, la justicia social y los derechos humanos, pilares fundamentales de nuestra democracia.
Entendiendo siempre que la patria es el pueblo, sus conquistas, su lucha, su memoria y su historia. Mantenemos una postura inquebrantable en la defensa de un país soberano, democrático y plural, donde los derechos de todos y todas sean garantizados, y donde la verdad y la justicia sigan siendo los principios rectores de nuestra lucha.
La lucha contra las políticas neoliberales y consecuencia de la dictadura, sigue siendo central para las organizaciones sociales en Córdoba y Argentina. A pesar de los avances democráticos, las consecuencias de las políticas del pasado, como el sistema financiero, las privatizaciones y el ajuste económico, continúan afectando a las mayorías populares. La memoria de los 30.000 compañerxs detenidxs-desaparecidxs es un pilar fundamental, y la lucha por la justicia no ha cesado. El negacionismo y la apología del terrorismo de Estado por parte de algunos sectores políticos contemporáneos pone en peligro los avances en derechos humanos.
El último 24 de Marzo fuimos testigos de que la construcción de un consenso democrático que sostiene los preceptos de Memoria, Verdad y Justicia, y que reivindica toda la experiencia organizativa y las conquistas de este camino de lucha, sigue siendo un acuerdo mayoritario en nuestra sociedad. Pero a la vez vemos cómo después de muchas expresiones de perspectivas reaccionarias y negacionistas han ganado espacio en el discurso público de algunos sectores. Esto nos demanda el esfuerzo de afinar la sensibilidad para leer e interpelar este momento social, y de no escatimar en la creatividad política para generar herramientas de lucha.
En nuestro espacio, la defensa de los derechos humanos nunca se limitó a la lucha contra el terrorismo de Estado, sino que se buscó abarcar todos los aspectos que afectan a la vida humana. Un enfoque integral de los derechos humanos incluye los derechos sociales, económicos, culturales, políticos, ambientales y de género, todos interconectados. Las organizaciones sociales han adoptado esta visión para abarcar las múltiples dimensiones de las injusticias que afectan a los sectores más desfavorecidos. Este enfoque integral es esencial tanto en la lucha social como en la acción colectiva, donde cada derecho debe ser promovido y defendido en su totalidad. Es a través de esta visión amplia que se puede garantizar una vida digna y justa para todos, sin exclusiones.
Atravesamos un momento en que la definición de “vida digna” se tensiona al máximo entre nuestra perspectiva y aquellas que desde una exaltación del individualismo pretenden naturalizar las desigualdades cada vez más acentuadas, confrontando directamente con nuestras ideas fundacionales, poniendo la acumulación económica de los sectores más favorecidos por delante de la dignidad de la mayoría de la humanidad que se ve cada vez más desplazada de sus derechos.
La unión es clave en la lucha contra las injusticias ya que permite consolidar una fuerza colectiva capaz de enfrentar los intereses de las élites. La diversidad fortalece el movimiento, ya que distintas organizaciones y sectores sociales aportan perspectivas y estrategias diversas. El Estado no debe ser visto únicamente como un instrumento de las clases dominantes, sino como un campo legítimo de disputa para las organizaciones populares que buscan cambiar las políticas públicas. Este encuentro es fundamental para fortalecer la lucha y construir una agenda común que promueva la justicia social. Nuestra construcción movimientista permite que la acción política esté arraigada en las bases organizativas y en la participación activa de las comunidades. Se trata de que cada individuo se sienta parte activa de un propósito común, fortaleciendo el sentido de comunidad, solidaridad, compromiso y cambio colectivo.
Encontrarnos para definir estrategias comunes, desde el consenso y el respeto mutuo es fundamental para avanzar en una lucha unificada. A través de la Mesa Provincial de Trabajo por los Derechos Humanos, las organizaciones nos articulamos para fortalecer la incidencia política. La movilización colectiva es una herramienta clave en este proceso, ya que fomenta la acción directa de las comunidades. A través de acuerdos programáticos y la construcción de políticas públicas inclusivas, buscando incidir y transformar las condiciones sociales y económicas.
La lucha por el territorio es esencial en el contexto de las luchas populares. La defensa de los territorios es una forma de garantizar efectivamente una comunidad organizada.
Construir poder local es fundamental para asegurar que las decisiones políticas se tomen en beneficio de las mayorías populares, no de intereses ajenos. Al fortalecer las organizaciones a nivel local, se fortalece nuestra incidencia para mejorar la calidad de vida de nuestros vecinos y vecinas.
Nuestra experiencia de sostener luchas en desventaja nos enseñó a valorar el territorio como lugar de la experiencia humana básica, la de carne y hueso, la de nuestras vivencias que alegran o amargan el cuerpo entero, la que se da en interacción con otras personas, con las comunidades y sus contradicciones más inmediatas. Nunca pudimos equipararnos en el terreno de los medios, sino que lo contrarrestamos con territorialidad real. Este momento nos lleva a la necesidad de reflexionar sobre el modo de articular esfuerzos tomando en cuenta que el campo de la comunicación masiva adquiere nuevas dinámicas producto de redes, entornos digitales, algoritmos cuyo uso se paga para incidir en el flujo de información y comunicación, recopilación y análisis de datos a los que se accede desde determinados sectores con mayor poder. Nos deberemos preguntar cuál es nuestra capacidad real de incidir y acortar desventajas en este nuevo esquemas de comunicación masiva, y sobre todo entender cómo podemos acortar esa desventaja usando el punto de partida que ha sido nuestro capital político histórico: el de la lucha y la organización cuerpo a cuerpo.
La construcción de un nuevo proyecto político debe cimentarse sobre principios que promuevan la justicia social, la soberanía política, la independencia económica, y una participación inclusiva pero, sobre todo, solidaria. La solidaridad se convierte en el eje fundamental para crear un futuro colectivo, donde cada acción y decisión esté dirigida a garantizar el bienestar de todos, sin excluir a nadie. En este proceso, la memoria histórica es esencial, ya que nos permite aprender de las luchas pasadas, reconocer los errores y aciertos, y fortalecer la identidad colectiva, uniendo a las personas en torno a un propósito común. Crear «Otra Córdoba» significa replantear la ciudad y la provincia no solo desde una óptica de desarrollo, sino con una mirada profunda hacia la equidad y la justicia social, donde la solidaridad sea el motor que impulse cada cambio, buscando siempre el bien común y el respeto a los derechos humanos.
Los retos siguen siendo grandes, ya que las amenazas al proceso democrático y los derechos conquistados están muy presentes. El futuro requiere consolidar la unión, que debe ser el motor de la lucha para garantizar la continuidad de la democracia y los avances sociales. La construcción de una sociedad más justa dependerá de la capacidad de las organizaciones para seguir avanzando en unidad, resistencia y construcción para hacerle frente a los desafíos que se presenten y proyectando nuevas luchas para el bienestar colectivo.
Es, desde estas palabras que sintetizamos el rol político que creemos hoy tiene la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos; humanizar la política, apostar a la formación política, construir comunidad y participación, fortalecer la unión multisectorial, incidir en la política pública y luchar por una patria para todos y todas.
Nuevamente, bienvenidos y bienvenidas.





