El próximo 3 de diciembre es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, y cuando nos referimos a discapacidad, hablamos también de la importancia de la inclusión, profundizar en hechos concretos. Por eso tenemos que hablar sin restricciones lingüísticas, porque aún hoy, en todas partes, las personas con distintas discapacidades y sus familias enfrentan desafíos y obstáculos para poder desarrollarse y acceder a una vida mejor. Es necesario entonces romper con estigmatizaciones, como lo ha hecho lamentablemente el gobierno de Milei, y fomentar una sociedad plenamente inclusiva.

Un gesto o un día diferente, puede hacer la diferencia y hacerlos felices. Es parte de la inclusión. De ello da fe el compañero Federico Figueroa luego de la contundente experiencia compartida con su hijo, Joaquín.

El día que fueron felices

No tenía ninguna expectativa cuando Diego me llamó un sábado por la mañana. “No es por vos, es por tu hijo… tráelo”. “No, lo busco yo”, y así fue. El viernes, como habíamos quedado, nos pasó a buscar. Joa, el flaco, estaba contento. Viajar, andar, lo hacen feliz. Él no tiene palabras de esas que usted lee, sino sonidos guturales, sonrisas y una mirada profunda. El sol caía lentamente sobre el césped verde de la cancha principal. Había chicos y chicas. Sandro C. se adelantó para saludarnos, extendió su mano, miró a Joa: “Bienvenido”. Allí comenzó el poder de poder. Se enganchó rápido con el tercer tiempo. A medida que fueron pasando los viernes, lo fueron conociendo. Hubo días que me preguntaba: ¿Por qué insisten… si él no puede hacer eso? Esos clásicos movimientos que alguna vez vi por tele de un deporte que nunca miré con pasión. Ellos siguieron y yo, también. Como decía, fuimos aprendiendo los nombres de los profes y de cada chico y chica; fui conociendo sus historias, son tan singulares que valdría la pena escribir sobre cada uno de ellos.

“Nos vamos a Tucumán a jugar y Joaquín va”, fue una sentencia. “Ok”, dije. Lo hablé en casa. “¿Te parece?”, me dijo mi esposa, la mamá de Joa. Tal vez por sesgo de madre protectora que muchas veces le impiden ver que hay otras formas, otros caminos al goce, sentirse parte, sentir que todo tiene sentido. El viernes 21 de noviembre a las 7:45 llegamos a 7 Soles. El micro ya estaba. Estaban casi todos, sólo unos pocos viajaron solos, la mayoría, como el flaco, iba acompañado. Fueron siete horas y media y una sola parada. Había que llegar.

En el hotel todo estaba preparado. En dos horas salimos a visitar la Casa de Tucumán y desde allí a Tarcos, el club anfitrión. Salimos puntuales y con esa puntualidad llegamos al club. Perdón, comenzó una experiencia única, tan única como nacer…

Olvidar las limitaciones

El ingreso estaba atestado de niñas, niños, chicos, chicas, jóvenes de distintas partes del país. Nunca vi tantos chicos y chicas juntos convocados por hockey y el rugby inclusivos. Es tan curioso, tan extraordinario. Pude contemplarlos en silencio. Sentí tanta alegría, tan inmensa que no se puede describir con letras: solo sentirlo. Cientos y cientos de chicos y chicas que cumplen los criterios cartográficos médicos, pero que para ellos toda característica importaba un bledo. Fueron tres días, tan bíblicos como fascinantes: nunca vi tanta alegría, era imposible tanto divertimento. Se jugaba, se merendaba, se almorzaba y se cenaba en el club anfitrión. Un lujo. Y cada noche hubo música y baile con bandas y DJs. Bailaban tan felices, tan hermosamente desfachatados que nos hacían sentir unos viejos amargados. Esas chicas que contorneaban su cuerpo olvidándose de sus propios límites… ¡cuánto nos mostraban!

Discapacidad, no es mala palabra

Palabras como síndrome de Down, discapacidad motriz, retraso madurativo, autismo, parálisis, ceguera o sordera, dejan de tener sentido. Algunas palabras parecen no decir nada y otras lo abarcan todo. Fueron tres días y el mundo se detuvo. Ahora tenemos la certeza que la felicidad no tiene ni modo ni forma, no está determinado por género ni condición social, pero muchos no comprenden la maravillosa experiencia de vivir y sentir la felicidad. Sé que es un mundo insensato, con dosis de crueldad excesiva que entona derechos y los pisotea cotidianamente. Ellos padecen la imposibilidad de contar con baños públicos, veredas angostas e intransitables, con servicio público que le niega el elemental derecho de viajar en bondi o taxi si vives en una silla de ruedas, pero nos mostraron que en el dar se recibe más, mucho más de lo que se da.

Gracias prof. Sandro, Chino, Martín, Gonzalo, Aime, Juan y Diego… y al club universitario por creer que en esas horas de los viernes que el deporte no es competir sino unirnos. En verdad, todos ganamos.