Cuando bombardearon al pueblo argentino: memoria de una masacre contra la democracia y la soberanía nacional

A 71 años de los bombardeos sobre Plaza de Mayo, recordamos uno de los hechos más atroces de la historia argentina. Una masacre planificada para derrocar un gobierno constitucional y sembrar el terror sobre un pueblo que había conquistado derechos, protagonismo político y justicia social.

El primer gran acto de terrorismo de Estado

El 16 de junio de 1955, aviones de la Marina de Guerra y de la Fuerza Aérea bombardearon la Ciudad de Buenos Aires con el objetivo de asesinar al presidente Juan Domingo Perón y derrocar al gobierno constitucional elegido por el pueblo argentino.

Se trató de una masacre inédita que inauguró una etapa de nuestra historia marcada por el terrorismo de Estado, el autoritarismo, la persecución política y la violencia contra quienes defendían un proyecto nacional y popular. Durante décadas, aquellos hechos permanecieron ocultos bajo un manto de silencio e impunidad.

Aunque los golpistas fracasaron en su intento de asesinar a Perón y no lograron tomar la Casa Rosada, defendida por el Regimiento de Granaderos y fuerzas leales, el ataque constituyó la antesala directa del golpe de Estado que, apenas tres meses después, derrocaría al gobierno peronista.

Un ataque contra civiles indefensos

Con el paso de los años, investigaciones históricas y testimonios de sobrevivientes permitieron reconstruir la magnitud de aquella tragedia.

Hoy sabemos que los bombardeos dejaron 309 víctimas fatales identificadas, más de 1.200 heridos y mutilados, y un dolor que atravesó generaciones enteras.

Nunca antes ni después el territorio continental argentino fue escenario de un bombardeado de ninguna fuerza armada. Más de cien bombas fueron arrojadas entre las 12:40 y las 17 horas sobre Plaza de Mayo, Plaza Colón y los alrededores.

Los responsables sabían perfectamente que se trataba de una jornada laboral normal y que miles de civiles se encontraban circulando por el centro porteño. El objetivo no era solamente eliminar al Presidente Perón: era castigar al pueblo y sembrar el terror.

Una de las primeras bombas cayó sobre un trolebús escolar repleto de niños que realizaban una visita educativa al centro de la ciudad. Todos murieron en el acto. Sus cuerpos fueron reconocidos posteriormente por los delantales blancos que aún llevaban puestos.

La resistencia popular y la defensa de la democracia

La señal para el despliegue de los comandos golpistas fue el estallido de las primeras bombas. De inmediato, efectivos de Infantería de Marina avanzaron sobre distintos puntos estratégicos disparando con fusiles y ametralladoras.

Desde los estudios de Radio Mitre, tomados por la fuerza, se difundían comunicados falsos que anunciaban la muerte de Perón y proclamaban el supuesto triunfo de una autodenominada «Revolución Democrática». En uno de esos mensajes afirmaban:

«Compatriotas: en estos momentos, las fuerzas de la liberación económica, democrática y republicana han terminado con el tirano.»

La lealtad de una parte del ejército, del Regimiento de Granaderos y de casa militar, que salvaron la vida de Perón, luego lucharon durante todo el día, repeliendo el ataque golpista y genocida, y evitando que tomaran la casa rosada.

Afuera se perpetraba el ataque más cobarde de la historia argentina

Al conocerse el ataque, la CGT convocó a los trabajadores a movilizarse para defender la democracia. Las primeras columnas obreras que llegaron a las inmediaciones de Plaza de Mayo fueron recibidas con ráfagas de ametralladoras disparadas desde el aire y desde tierra. 

La mayoría de las víctimas de aquella jornada fueron civiles desarmados: trabajadores, empleados, estudiantes, mujeres y niños alcanzados por las bombas y las balas de quienes decían actuar en nombre de la libertad.

Los mismos intereses, la misma matriz antipopular

La masacre de Plaza de Mayo constituye una de las pruebas más contundentes de hasta dónde pueden llegar los sectores que históricamente se opusieron a una Argentina libre, justa y soberana.

No fue solamente un ataque militar. Fue un ataque político, económico y social contra un proyecto de país basado en la ampliación de derechos, la movilidad social ascendente, la independencia económica y la participación de los trabajadores en la vida nacional.

La conexión entre los bombardeos de 1955 y las dictaduras posteriores es directa. Muchos de los responsables de aquella jornada ocuparían años después lugares centrales en el aparato represivo del terrorismo de Estado, entre ellos Emilio Massera y Carlos Guillermo Suárez Mason, que se escapó a Uruguay tras el fracaso del ataque, y fue luego uno de los más cruentos genocidas, a cargo del I Cuerpo de Ejército. 

¿Qué es la libertad?

A 71 años de aquella tragedia, la memoria nos interpela también sobre el sentido de las palabras.

Los golpistas de 1955 hablaban de «liberación económica» mientras bombardeaban a su propio pueblo. Llamaban «libertad» a la destrucción de un proyecto nacional que había ampliado derechos laborales, fortalecido la industria argentina y promovido la justicia social.

Esa idea de libertad, asociada al privilegio de unos pocos, a la concentración de la riqueza y a la subordinación de los intereses nacionales a los poderes económicos, reaparece una y otra vez en nuestra historia.

También hoy se intenta presentar como libertad la eliminación de derechos, la desregulación absoluta de la economía, el debilitamiento del Estado y el retroceso de conquistas sociales obtenidas tras décadas de lucha popular.

Frente a esa visión, el movimiento obrero sostiene otra tradición histórica. La libertad no es el derecho del más fuerte a imponer sus condiciones sobre las mayorías. La verdadera libertad es la que permite acceder al trabajo digno, a la educación, a la salud, a una jubilación justa y a una vida con derechos. Es la libertad que se construye colectivamente cuando una nación ejerce su soberanía política, alcanza independencia económica y garantiza justicia social.

Recordar el 16 de junio de 1955 es reafirmar que no hay libertad posible allí donde se persigue al pueblo, se castiga a los trabajadores y se entrega el destino nacional a los intereses concentrados y extranjeros.

Por eso, a 71 años de los bombardeos sobre Plaza de Mayo, seguimos levantando las mismas banderas por las que lucharon quienes resistieron aquella jornada trágica: Memoria, Democracia, Soberanía y Justicia Social.