Gracias a las compañeras de “Rayito de Luz” por cuidar y enseñar a los trabajadores del mañana
Todos los 28 de mayo saludamos con especial cariño a nuestras compañeras del jardín maternal. Esa fecha es el Día de los Jardines de Infantes y de la Maestra Jardinera, que rinde homenaje a la admirable educadora Rosario Vera Peñaloza, quien dedicó su vida a fundar los primeros jardines de infantes del país y a estructurar las bases de la educación inicial.
Su legado sigue vivo en cada rincón donde se prioriza el juego, la curiosidad y el afecto como los primeros e indispensables escalones del aprendizaje formal.
El nivel inicial en la educación constituye una etapa fundamental en el desarrollo humano, ya que es allí donde los niños y niñas dan sus primeros pasos fuera del entorno familiar. Los jardines de infantes no sólo son espacios de socialización, sino verdaderos semilleros de asombro donde se estimula la creatividad, la motricidad y el lenguaje. A través de canciones, colores y relatos, se siembran los valores de la convivencia, el respeto y la solidaridad, construyendo los cimientos de los futuros ciudadanos.
Detrás de esta magia cotidiana se encuentran las maestras jardineras, nuestras compañeras de Rayito de Luz, profesionales cuya vocación combina la rigurosidad pedagógica con una infinita ternura. Su labor va mucho más allá de cuidar a los más pequeños; son las encargadas de interpretar las emociones, sanar raspaduras con una sonrisa y transformar el juego en una herramienta de descubrimiento.
Esta celebración es un merecido reconocimiento a su paciencia, su entrega y su capacidad de mirar el mundo con los ojos de la infancia, guiando con amor el inicio del camino educativo.

De manos manchadas y corazones gigantes: el patio que nos heredó Rosario
Cada 28 de mayo, nos reunimos para celebrar la magia de la primera infancia y honramos a quienes guían los primeros pasos. Los jardines se llenan de brillantes colores para disfrutar nuestro día y el del jardín maternal.
Esta fiesta tiene una dueña histórica. Se llama Rosario Vera Peñaloza, pero en los libros quedó como la «maestra de la patria».
Ella se plantó hace más de un siglo con una idea fija: los chicos necesitan jugar para aprender a vivir.
Rosario armaba mapas con piedritas, tejía la geografía con hilos y demostraba que con cartón y entusiasmo se puede fundar un universo. Defendió las manos manchadas de pintura. Creyó en la curiosidad como motor del mundo.
Ser maestra jardinera es un arte diario. Implica abrazar el llanto y festejar la alegría. Es mirar el mundo a la altura de los ojos de un niño.
Las docentes siembran las semillas del futuro con paciencia infinita. En un mundo que a veces corre tan rápido y se olvida de lo importante, el jardín de infantes es un refugio, es el lugar donde todavía vale la pena mancharse los dedos con témpera, mirar unas gotitas de lluvia, abrazar un amigo y aprender que las cosas compartidas son más ricas.
A las maestras de Rayito de Luz… gracias por su vocación, por cuidar la ternura en tiempos difíciles. Sigan abriendo puertas a la imaginación creadora.
¡Feliz Día compañeras!
Cra. Vilma Gómez
Delegada Jardín Rayito de Luz




