Los ideales que no pudieron fusilar
El levantamiento del 9 de junio de 1956 fue el bautismo de fuego de la Resistencia Peronista. Marcó dos visiones de proyecto de país: uno, basado en la independencia económica, la soberanía política y la justicia social; el otro, el de la subordinación. Lo padecemos hoy y lo hemos sufrido en tiempos no tan lejanos.
Esa resistencia dio identidad política y social a la clase trabajadora argentina frente a la persecución, la proscripción, la supresión de conquistas y toda maniobra tendiente a borrar el justicialismo de la historia. Más allá de las huelgas, los sabotajes fabriles y las pintadas clandestinas, la resistencia representó la capacidad de los sectores populares para reorganizarse desde las bases y las organizaciones sindicales, manteniendo vivo el lazo de lealtad hacia Juan Domingo Perón que ha nutrido la mística de la lucha.
Aquel Movimiento de Recuperación Nacional, encabezado por el general Juan José Valle en aquel frío junio, transformó profundamente el escenario sociopolítico del país, evolucionando con la acción directa obrera, pero también radicalizando la militancia.
Atento a todo ello, queda cabalmente demostrado que es imposible la viabilidad de un país si se excluye a las mayorías populares.
Nuestro homenaje a aquellos valientes que defendieron con su vida un proyecto de nación independiente y con justicia social.




