Día Internacional de la Mujer

En la actualidad, el 8 de marzo es abordado generalmente como una fecha de celebración, de galantería, pero es primordial no olvidar que el Día de la Mujer surgió del reconocimiento a una larga lucha contra la desigualdad y la injusticia. Ante todo, debe ser una jornada conmemorativa, de reflexión profunda y movilización.

Las raíces del 8M se encuentran en el movimiento obrero de mediados del siglo XIX. Es una época de industrialización acelerada, donde las mujeres, que ya formaban parte esencial de la fuerza de trabajo, sobrevivían en condiciones de explotación extrema, salarios miserables y nula participación política. Situación que llevó a miles de mujeres a pasar a la acción. Una decisión valiente e impostergable, pero que costó vidas para conquistar derechos, transformándose en símbolo de la urgencia de cambios jurídicos y humanos.

Pese a los avances, la brecha de género persiste como una de las deudas más tangibles. El camino por recorrer no sólo exige visibilización, también seguridad para una vida libre de violencia y acoso y la necesidad de cerrar la “brecha salarial”, bajo el principio de igualdad: a igual trabajo, igual remuneración.

La escritora Mary Wollstonecraft enunció una famosa frase hace 234 años: «No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas», aludiendo a la búsqueda de autonomía y dignidad. No se refería a la dominación de géneros, sino al empoderamiento real de la mujer tomando control de su propio destino.

El 8 de marzo nos invita a preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo desde nuestro entorno para garantizar que el género no determine el destino de una persona? Es un día para honrar a las que estuvieron antes, apoyar a las que están ahora y asegurar el camino para las que vendrán.