Secretaría de Prensa. El resultado de las urnas el pasado domingo es sorpresivo, pero entendible si miramos el contexto. La sociedad argentina votó bajo presión y sin alternativa, condicionada por las promesas de eclosión e inestabilidad que todos, sin excepción, auguraron si había derrota de Milei, y por la ausencia de una alternativa clara al plan de destrucción del proyecto libertario.  En efecto, el slogan principal de la campaña opositora fue frenar a Milei, pero el ¿cómo? y ¿para hacer qué? siguen siendo preguntas que las distintas expresiones opositoras no responden.

El resultado electoral sin duda acelerará los tiempos para el plan de saqueo y la entrega de Argentina, que será un botín fácil y barato mientras no recupere su soberanía, y mientras no reconstruya un proyecto nacional para la argentina del S. XXI, con todas sus complejidades.

Algo sí está claro, no hay proyecto ni viabilidad nacional posible si somos un protectorado yanqui o de cualquier tipo. Sencillamente porque si otros deciden por nosotros, lo harán en función de su propio interés.

De los Acuerdos de Madrid al Salvataje Trump-Bessent

Se ha hablado mucho del revival de los ‘90. En aquella década larga, que terminó con el estallido de 2001, a caballo de la “estabilidad” ficticia del 1 a 1, la famosa convertibilidad, se tejieron la destrucción de la industria nacional, una desocupación galopante, privatizaciones de las principales empresas estratégicas argentinas (YPF, empresas energéticas, ferrocarriles, Aerolíneas, Somisa, la empresa de líneas marítimas), precarización y flexibilización laboral, y un crecimiento asfixiante del endeudamiento externo.

Poco se sabe respecto de un hito de los primeros años de menemismo, que funciona hasta hoy como un límite concreto para el desarrollo argentino: los llamados Acuerdos de Madrid, una auténtica carta de rendición para la Argentina, luego de la derrota en la Guerra de Malvinas.

Los llamados Acuerdos de Madrid resumen una serie de declaraciones firmados en la capital española entre Argentina y Gran Bretaña entre 1989 y 1990, que implicaron el fin de las hostilidades y una serie de compromisos impuestos a la Argentina, que siguen vigentes.    

Desde Argentina, el también llamado Tratado de Madrid, fue encarnado por un personaje que se convertiría en un símbolo del gobierno de Menem, y de la destrucción del aparato productivo y estratégico nacional: Domingo Felipe Cavallo.

Antes de ser designado súper Ministro de Economía, Cavallo es designado en 1989 Ministro de Relaciones Exteriores. Siendo flamante canciller es que firma estos Acuerdos en nombre de la Argentina, que incluyeron entre otras disposiciones el Tratado de “Promoción y Protección de Inversiones” en Londres el 11 de diciembre de 1990, convalidado por Ley del Congreso de la Nación N.º 24.184, que establecía límites al desarrollo industrial metalmecánico y militar, así como trato privilegiado a las inversiones y negocios surgidos de futuras privatizaciones. La misma disposición de promoción y protección de inversiones establece la participación británica en sectores económicos de alta relevancia estratégica. Los acuerdos también abrieron el Mar Argentino a explotación extrajera, sin ningún control nacional, estableciendo la autorización de hecho para la explotación pesquera y de recursos del Mar Argentino por parte de Inglaterra y la OTAN, que ocupan de facto 1.900 km2 alrededor de Malvinas. Toda la industria marítima y pesquera nacional se privatizó y extranjerizó.

Es decir, Cavallo firmó como canciller una verdadera carta de sumisión para la Argentina y luego garantizó cada punto del tratado (y más) como Ministro de Economía, desde 1991.    Además de la política cambiaria y financiera, que derivó en el Plan de Convertibilidad, concentró en el manejo económico las áreas de agricultura, energía o minería y se preocupó de controlar indirectamente el área económica de la cancillería.

JP Morgan: sujetando las ataduras otra vez

El fuerte condicionamiento de la Argentina provocado por un volumen de deuda externa impagable, (que aumentó en las tres últimas presidencias de Macri, Fernández y Milei) vuelve a escribir en nuestra historia un capítulo de extrema debilidad, dependencia y humillación.

Si en la era libertaria la política económica, financiera y cambiaria argentina, estaba fuertemente influida por la banca JP Morgan, uno de los bancos más poderosos del mundo, ahora el equipo ex JP Morgan también toma control de la Cancillería Argentina, a través de Pablo Quirno, hasta ahora Secretario de Finanzas. 

El salvataje Trump -Bessent con intervención directa en el Mercado cambiario argentino y anuncios de respaldo mediante swap y compra de deuda argentina, abrieron la puerta a una gestión económica tutelada desde EEUU. La primera gran intervención fue directa de Trump, una extorsión y una amenaza al pueblo argentino que surtió su efecto: o Milei gana las elecciones o deberán sobrevivir al caos.

La segunda gran intervención, con una puesta en escena pocas veces vista, fue el desembarco de la plana mayor a nivel mundial del banco JP Morgan. Una gala en el Teatro Colón de Buenos Aires recibió a su CEO Jamie Dimon, junto a personajes como Condoleezza Rice (asesora en Seguridad nacional norteamericana durante las guerras en medio oriente pos 2001 y ex secretaria de Estado yanqui) y el ex primer ministro británico Tony Blair, todo un símbolo geopolítico. Además, fueron de la partida los poderosos locales Midlin, Galperín, Elsztain, Macri….  La banca JP Morgan no es cualquier banco, aparece en situaciones de quiebra, apareció por ejemplo como principal financista para la creación de Panamá, en su escisión de Colombia, aparece generando crisis de deuda donde el negocio es comprar barato y sacar gran tajada.

Día atrás el CEO de JP Morgan Dimon expresó: “Ha quedado dolorosamente claro que Estados Unidos se ha vuelto demasiado dependiente de fuentes poco fiables de minerales, productos y manufacturas críticas, todas ellas esenciales para nuestra seguridad nacional”.

El CEO de JP Morgan J. Dimon  junto a Milei, Caputo y el flamante nuevo canciller Pablo Quirno.  

Para asegurar esta provisión de uranio, tierras raras y litio, es que además de intervenir directamente en  la policía interna y la economía,  se aseguraron un alfil en la cancillería, Pablo Quirno, que negocie inversiones, contratos y tratados comerciales y pusieron al JP Morgan como el principal operador financiero que  comprará deuda argentina,  para luego asegurarse sacar la tajada, mediante el acceso a los recursos que EEUU está desesperado por obtener, en su disputa geopolítica con China y los BRICS.

El pueblo argentino se enfrentará nuevamente a una batalla que, sin dudas, librará con orgullo, sentido y propósito nacional.