El 11 de febrero se cumplirán 49 años del secuestro y desaparición de Oscar Smith, en ese momento secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza de Capital Federal.
El compañero nos ha dejado una de los mensajes más contundentes y a la vez inspiradoras: “Defender el Convenio es como defender la propia vida”.
Tras el golpe de marzo del ‘76, Luz y Fuerza de Capital fue intervenido por el Ejército y la entonces empresa estatal de energía SEGBA quedó bajo control de la Marina.
Unos meses después, la intervención militar despidió a más de doscientos trabajadores, más de la mitad eran miembros del Consejo Directivo (entre ellos el propio Oscar Smith, cuyo legajo fue reparado por el Poder Ejecutivo nacional en 2012), delegados y activistas de Luz y Fuerza de Capital Federal.
Se iniciaron acciones de protesta en los lugares de trabajo y en la sede de SEGBA, a lo que la dictadura respondió con detenciones y el secuestro de delegados. Días después, tras gestiones de Smith, fueron liberados con evidentes rastros de tortura.
Durante el conflicto, la resistencia gremial incluyó sabotajes, apagones y actos relámpagos que recrudecieron luego de las masivas cesantías en Agua y Energía.
Frente a ello, la intervención en SEGBA decidió unilateralmente una serie de medidas que pusieron en pie de lucha a los trabajadores: prolongar la jornada semanal de 32 a 42 horas a partir del 2 de febrero de 1977; se dejaron sin efecto la Bolsa de Trabajo sindical y los descuentos salariales destinados a los fondos de vacaciones, de vivienda, cultura, educación y deportes, Fondo Compensador de Jubilaciones y lo más grave, la derogación de todos los artículos del Convenio Colectivo de Trabajo. En replica, se concretó la primera huelga de un sindicato eléctrico a aquella sanguinaria dictadura. Oscar Smith la dirigió. El paro se cumplió n todo el país.
En los días previos a su secuestro, Smith encabezó tratativas por la reincorporación de todos los despedidos y por la plena vigencia del Convenio. Había sido advertido que no tuviera tanta exposición, pero mantuvo firmes sus convicciones.
El 11 de febrero de 1977, salió de su casa rumbo a la sede de la Federación y después de recorrer algunas cuadras con su automóvil, fue encerrado por dos Falcon e introducido violentamente en el baúl de uno de los autos.
Aún hoy se desconoce dónde están los restos del compañero que nos dejó un ejemplo que debemos honrar siempre: el compromiso de pelear por los compañeros y los derechos que ayer la dictadura quiso abolir y hoy es el gobierno de Milei el que procura ese objetivo que el Movimiento Obrero organizado, no lo permitirá.



