El amor de una madre transformado en lucha colectiva
Desde la Secretaría de Derechos Humanos del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba despedimos con profundo pesar a Taty Almeida, una de las figuras más queridas y respetadas del movimiento de derechos humanos de nuestro país, cuya vida se convirtió en un ejemplo de compromiso, valentía y perseverancia.
La historia de Taty está atravesada por una herida que jamás dejó de dolerle: la desaparición de su hijo, Alejandro Almeida. Alejandro tenía 20 años cuando fue secuestrado por las fuerzas represivas el 17 de junio de 1975, antes incluso del golpe de Estado de 1976, en el marco de la persecución política y la violencia paraestatal que ya comenzaban a desplegarse sobre miles de jóvenes militantes. Estudiante de Medicina y comprometido con las causas populares, Alejandro soñaba con una sociedad más justa y solidaria. Como tantos jóvenes de su generación, fue perseguido por sus ideales y continúa desaparecido hasta el día de hoy.
Taty solía recordar que durante mucho tiempo desconoció la militancia política de su hijo. Proveniente de una familia con una mirada conservadora de la realidad, el secuestro de Alejandro la enfrentó de manera brutal con el terrorismo de Estado y con una verdad que transformó para siempre su vida. Aquella madre que comenzó buscando respuestas sobre el destino de su hijo terminó convirtiéndose en una de las voces más firmes e inclaudicables de la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Desde su incorporación a las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty comprendió que la búsqueda de Alejandro era también la búsqueda de los 30.000 compañeros y compañeras detenidos-desaparecidos. Hizo de su dolor una herramienta de construcción colectiva y dedicó décadas a denunciar los crímenes de la dictadura, exigir justicia para las víctimas y transmitir a las nuevas generaciones la importancia de defender la democracia y los derechos humanos.
Su compromiso trascendió la causa específica de los desaparecidos. Taty estuvo presente en cada lucha por los derechos del pueblo argentino: acompañó a trabajadores y trabajadoras, respaldó las demandas estudiantiles, participó en actividades culturales y educativas y nunca dejó de tender puentes entre las organizaciones sociales, sindicales, políticas y de derechos humanos. Su palabra, siempre clara y comprometida, se convirtió en una referencia ética frente a los intentos de negacionismo y de relativización de los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado.
Para quienes integramos el movimiento obrero organizado, Taty representó la convicción de que la defensa de los derechos humanos y la defensa de los derechos laborales forman parte de una misma lucha por la dignidad humana. Su presencia permanente en actividades sindicales y su cercanía con las organizaciones de trabajadores expresaron esa comprensión profunda de que la justicia social, la memoria histórica y la democracia son inseparables.
Su legado permanecerá vivo en cada marcha, en cada acto de memoria, en cada aula donde se enseñe la verdad sobre nuestro pasado reciente y en cada organización que continúe levantando las banderas que ella sostuvo con tanto coraje. La historia de Taty es también la historia de Alejandro y de toda una generación de jóvenes que soñó con una Argentina más justa y que fue perseguida por ello. Mantener viva esa memoria es una responsabilidad colectiva.
Desde la Secretaría de Derechos Humanos de Luz y Fuerza de Córdoba rendimos homenaje a su trayectoria y abrazamos su ejemplo de coherencia, compromiso y amor por el pueblo. En tiempos donde aún persisten discursos que buscan sembrar el olvido, la figura de Taty Almeida nos recuerda que la memoria es un acto de justicia y que la lucha por los derechos humanos no admite claudicaciones.
Hasta siempre, querida Taty. En cada bandera levantada por Memoria, Verdad y Justicia seguirá presente tu voz, junto a la de Alejandro y a la de los 30.000 compañeros y compañeras detenidos-desaparecidos.
Secretaría de Derechos Humanos
Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba

DESPEDIDA DE ABUELAS – ¡Hasta siempre, querida Taty!
Despedimos con enorme dolor a Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, una mujer maravillosa y excepcional, que ha fallecido, a días de cumplir sus 96 años, tras casi medio siglo de una lucha incansable por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
“Así como yo estoy feliz de haber parido a mis tres hijos, Alejandro me parió”, dijo alguna vez, en referencia a su hijo Alejandro Almeida, militante secuestrado a los 20 años y todavía hoy desaparecido. Taty se integró a las Madres de Plaza de Mayo y nunca más las dejó.
Compromiso, compañerismo, ocuparse del otro, como lo hicieron los 30 mil, su hijo entre ellos, fortaleza, coraje, su risa y su mirada chispeante, su voz infaltable en cada acto, todo eso era Taty. A cualquiera que la escuchara, en los más diversos ámbitos, porque dedicó la mitad de su vida a brindar testimonio, le decía: “No olvidar”.
No olvidar a nuestros hijos e hijas desaparecidos, exigir justicia, sin odio ni rencor, dar el ejemplo, no bajar los brazos. Y en cada charla repetía: “Sigan luchando por lo que crean que es justo, y cuando estén caídos, o cansados, repitan y digan bien fuerte: ‘Si las Madres pudieron, ¿por qué no nosotros?’”.
Tantas marchas, tantos momentos compartidos, amargos y dulces, tanta lucha que no cabe en un puñado de palabras, esa presencia que imponía Taty en donde fuera, esa firmeza sin perder la ternura, ese corazón que la llevó a abrazar la vida hasta el final y la convirtió en una figura central e indiscutida del movimiento de derechos humanos.
Abrazamos a su familia, amigas y amigos, y a las miles y miles de personas que se sentirán conmovidas por su partida. Se ha ido una mujer formidable, irremplazable, una amiga, una hermana, a cuya ausencia tendremos que sobreponernos, tal cual ella hubiera deseado, que la lucha continuara.
Taty querida, donde estés, con tu hijo Alejandro, descansando al fin en paz, queremos decirte que acá las locas seguimos de pie, y somos millones, ¡no nos han vencido!
Abuelas de Plaza de Mayo




