Homenaje a Manuel Belgrano en el día de nuestro emblema nacional
Cada 20 de junio, la Argentina se viste de celeste y blanco para celebrar el Día de la Bandera. En esta fecha conmemoramos el 206° aniversario del paso a la inmortalidad de Manuel Belgrano, uno de los padres de la patria y hacedor de nuestro máximo símbolo nacional en 1812.
Un prócer con mirada de futuro
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano no sólo fue una figura clave de la “Revolución de mayo de 1810”, sino también uno de los pensadores más lúcidos y avanzados de su época. A través de sus memorias consulares, diseñó una ambiciosa plataforma política y económica con una fuerte impronta nacional que incluía:
Desarrollo soberano: El fomento de la agricultura y la industria local.
Justicia social: Un comercio interno sólido para lograr una distribución equitativa de la riqueza.
Inclusión y derechos: La defensa de la educación pública y gratuita, la igualdad de género y el cuidado del medio ambiente.
Pueblos originarios: La redacción de un documento jurídico pionero que garantizaba sus derechos, el cual sirvió más tarde como base para que Juan Bautista Alberdi lo incorporara en la Constitución Nacional.
Del rechazo al símbolo de libertad
La bandera nacional nació inspirada en los colores de la escarapela y tiene un recorrido marcado por la audacia de su creador. Fue enarbolada por primera vez en Rosario, a orillas del río Paraná, el 27 de febrero de 1812 por la batería de artillería Libertad. Belgrano buscaba un símbolo que distinguiera a las tropas patriotas en el frente de batalla. Esta decisión le valió un fuerte llamado de atención por parte del Triunvirato de gobierno, que en ese momento aún no sumaba el consenso necesario para romper lazos definitivamente con la Corona Española.
La bandera fue bendecida en Jujuy en agosto de 1812, justo antes de emprender la heroica y sacrificada retirada del pueblo jujeño, una estrategia militar clave de Belgrano para desgastar el avance realista.
Bautizada por su creador como la «Bandera del Ejército», el emblema flameó victorioso en las batallas de Tucumán y Salta, y resistió con hidalguía en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.
Finalmente, el legado quedó sellado cuando José de San Martín asumió el mando del Ejército Libertador para cruzar los Andes, recibiendo de las manos del propio Belgrano esa misma bandera celeste y blanca que hoy nos une a todos.



