La lucha continúa

5 de febrero 1944

En estos 82 años de vida, el Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba ha librado innumerables luchas, emergiendo de cada una más fortalecido. Nuestra rica historia no es un simple relato del pasado, es la síntesis de una trayectoria forjada en la unidad, el coraje, la solidaridad y resiliencia.

Aquel 5 de febrero de 1944 se plantó la semilla de nuestra identidad lucifuercista. En un contexto donde el servicio eléctrico era un negocio privado -concesionado a la Compañía de Luz y Fuerza Motriz y la Compañía General de Electricidad-, la necesidad de aglutinar a los trabajadores se volvió impostergable. Así fue concebida nuestra organización, en sus inicios Unión Sindical de Empleados y Obreros de las Compañías Productoras de Electricidad, USEOCPE.

Este impulso no sólo dio origen al Gremio, sino que trajo consigo, poco después, conquistas que son nuestra base: el Estatuto Sindical y el Convenio Colectivo de Trabajo, la verdadera carta magna de nuestros derechos que defenderemos sin claudicaciones.

Con el primer gobierno peronista, el sindicato dio un salto cualitativo: no sólo se constituyó en un núcleo de conquistas y defensa de los derechos, además se transformó en un actor político clave. Luz y Fuerza Córdoba se ha destacado por alentar y apoyar el modelo de servicio eléctrico público, que este año celebra 80 años de vigencia. Y fundamentalmente, es el orgulloso custodio de un patrimonio que le pertenece a todo el pueblo: la Empresa Provincial de Energía de Córdoba, que es el fruto del diálogo constructivo entre el Sindicato, los trabajadores y el Estado, nacida para el beneficio común y no para el lucro de unos pocos. Es símbolo de la soberanía energética y resorte permanente del crecimiento de nuestra provincia, por eso nuestra postura es y será una sola: EPEC es pública y jamás tiene que ser privada.

A lo largo de la historia, Luz y Fuerza ha sabido construir el camino de la dignidad, posicionándose del lado correcto de la trinchera, que es la que nos marca nuestra conciencia de clase. Mantenemos intactas las convicciones y no retrocederemos frente a cada ataque. Por eso, ante los desafíos del presente y del futuro, recordemos siempre nuestro sagrado mandato.

La lucha continúa, compañeros y compañeras… por nuestra historia, por nuestros derechos y por el triunfo del pueblo trabajador.